DEUDA EXTERNA

 

“Es una constante en nuestros gobernantes: primero están los usureros internacionales y después los ciudadanos argentinos”, dice el autor, en una cronología de la inclinación de los gobiernos argentinos ante el capital financiero (De la Redacción del Chasqui del Litoral).

Por Juan Antonio Vilar

El endeudamiento externo ha sido y es uno de los problemas más serios que ha tenido y tiene el Estado Argentino y que ha pesado negativamente en el desarrollo económico, dentro del sistema capitalista, y en la posibilidad de mejorar las condiciones de vida de la sociedad. En casi dos siglos, nuestra clase dirigente (a pesar de los cambios) ha buscado el progreso material, endeudándose. Desde aquel lejano empréstito de 1824 con la Baring Brothers que los rivadavianos porteños contrataron por un millón de libras esterlinas (L.E.) hasta la actualidad en que el endeudamiento alcanza a 283.500 millones de dólares (U$S) ha habido una fatal continuidad que nos ha empobrecido y atado a los usureros internacionales. Ese empréstito se contrató al 70 %, es decir que los prestamistas debían enviar sólo 700.000 L.E. pero el Estado debía pagar por un millón, más el 6 % de interés anual; previsoramente, el banco se descontó el importe de dos anualidades y pagaron una suma exorbitante de L.E. 120.000 a los comisionistas. Sólo giraron alrededor de L.E. 100.000 (no hay constancias documentales de otra cosa) y el resto quedó depositado en el banco de Londres para descontar letras de comerciantes argentinos y británicos. El crédito debía servir para financiar la construcción del puerto, obras de salubridad y establecer colonias. El Estado dejó de pagar, no amortizó la deuda y no hubo puerto, ni colonias ni salubridad. Después Juan M. de Rosas ofreció entregar las islas Malvinas a cambio de la deuda, sin éxito. En 1856 el gobierno porteño hizo un arreglo de pago y recién se canceló en 1903. Se había pagado más de L.E. 4.800.000, una verdadera estafa negociada por las autoridades nacionales. Los liberales porteños bajo la conducción de Mitre, desde la década de 1860 reiniciaron al endeudamiento para financiar (con armas nuevas) la liquidación del federalismo provinciano y la “tiranía” paraguaya. La crisis cíclica de los países industrializados de 1873, repercutió en nuestro país. Tres años después el presidente Avellaneda anunció: “Hay dos millones de argentinos que economizarán hasta su hambre y su sed, para responder en una situación extrema, a los compromisos de nuestra fe pública en los mercados extranjeros.” Es una constante en nuestros gobernantes: primero están los usureros internacionales y después los ciudadanos argentinos. Avellaneda redujo el número de empleados, rebajó los sueldos, disminuyó las subvenciones y el presupuesto y estableció un fugaz proteccionismo. En un debate parlamentario, Pellegrini denunció así al libre cambio defendido en el Parlamento inglés: “Que él quería […] hacer de la Inglaterra la fábrica del mundo y de la América, la granja de Inglaterra.” La “generación del ‘80” durante la presidencia de Roca contrajo varios préstamos para financiar grandes obras públicas; ferrocarriles, puertos, muelles, telégrafo, edificios, ciudades, obras de salubridad, etc. Parcialmente las obras se hicieron pero a costa de un endeudamiento que al finalizar el período alcanzaba a L.E. 38 millones. La deuda externa “Es una constante en nuestros gobernantes: primero están los usureros internacionales y después los ciudadanos argentinos”, dice el autor, en una cronología de la inclinación de los gobiernos argentinos ante el capital financiero (De la Redacción del Chasqui del Litoral). Por Juan Antonio Vilar 38 Todo se agravó con la política ultraliberal, el despilfarro, la corrupción y especulación desenfrenada de Juárez Celman. La otra crisis cíclica del capitalismo de 1890, resonó fuertemente en nuestro país, agravada por la quiebra del banco Baring Brothers que no podía colocar tantos títulos de deuda externa de la Argentina. De hecho, el Estado incurrió en “default” al no poder cumplir sus compromisos externos. Pellegrini logró una moratoria y un préstamo por L.E. 6.593.000 bajo severas condiciones. En 1892 la deuda externa de la nación, las provincias y las garantías de los ferrocarriles era de 74.200.000 L.E. El “arreglo Romero” con lord Rothschild (representante de 14 bancos tenedores de títulos argentinos) logró un acuerdo en 1893: el Estado pagaría anualmente L.E. 1.562.000 hasta saldar la deuda, con la garantía de las rentas aduaneras; quedaban aparte el préstamo de 1891 y L.E. 500.000 de las empresas ferroviarias inglesas. Como desde mediados de la década del ’90 la situación económica mejoró ostensiblemente con el notable crecimiento de la agricultura, sumada a la ganadería, que arrojaba saldos muy favorables en la balanza comercial, se obtuvieron nuevos préstamos externos por un total de L.E. 4.600.000. El Presupuesto para el año 1896 preveía ingresos totales por $ 31.413.000 oro y $ 55.260.000 m/n. y un servicio externo por $ 11.987.139,64 oro (equivalente a L.E. 1.912.000) o sea el 38 % de los recursos en oro. Hacia el año 1900 las deudas tenían distintos vencimientos, valores e intereses. El gobierno de Roca –y su ministro Enrique Berduc- propusieron al Congreso un proyecto de “unificación” de 30 empréstitos y “transformar todos los títulos depreciados de la deuda en un solo título valorizado”. El monto estimado era de L.E. 77.754.333 con un 4 % de interés y ½ % de amortización, quedando como garantía los derechos de importación. Negociado por Pellegrini en Europa, fue violentamente rechazado en Buenos Aires como un atentado a la soberanía y sometimiento al imperialismo. Roca retrocedió, retiró el acuerdo del Congreso y provocó la furia de Pellegrini. En 1902 el imperialismo mostró toda su rapacidad cuando Venezuela se retrasó en el pago de su deuda siendo atacada militarmente por Inglaterra, Alemania e Italia. El canciller argentino, Luis María Drago envió una nota a su par de Estados Unidos, fijando una posición de rechazo a toda intervención militar por cobro de deudas y, aunque la posición yanqui fue de indiferencia, quedó como principio de derecho internacional la “Doctrina Drago”. Al finalizar la segunda presidencia de Roca en 1904 la deuda pública total (externa e interna) era de $ 426.553.343 oro. Llegaron los gobiernos radicales con Hipólito Yrigoyen (y la ‘Gran Guerra’) con la deuda a $ 535.734.657 m/n (1922) y con Marcelo T. de Alvear, a $ 1.111.675.585 m/n. Vuelta al poder los conservadores, con Agustín P. Justo (1936) era de $ 1.224.627.685 y con Ramón S. Castillo (1942) de $ 1.012.735.966. Con motivo de la Segunda Guerra Mundial se estima que Gran Bretaña y los Estados Unidos debían a la Argentina entre U$S 2000 y 3000 millones, mientras que nuestra deuda alcanzaba a $ 519.910.262 que Juan D. Perón pudo saldar durante su primera presidencia. ¡Extraordinario! Argentina había saldado toda la deuda externa. Lástima que el mismo Perón contrajo un crédito con el Eximbank por U$S 125 millones (el dólar estaba alrededor de $ 4 m/n). La “Revolución Libertadora” se incorporó al Fondo Monetario Internacional (FMI) y el gobierno de Arturo Frondizi reanudó el endeudamiento. Su política buscaba desarrollar la industria pesada (siderurgia, petroquímica, automotriz, e infraestructura) en base a inversiones extranjeras y deuda externa. Por el contrario, el presidente Íllia no contrajo deuda alguna y al ser derrocado, ésta alcanzaba a U$S 3.276 millones que siguió creciendo durante el gobierno de la “Revolución Argentina”. El segundo gobierno peronista recibió una deuda de U$S 4.890 millones y al ser derrocada Isabel Perón alcanzaba a U$S 7.800 millones, lo que equivalía a dos años de exportaciones. La nefasta política económica del Proceso Militar bajo la conducción de José A. Martínez de Hoz, destruyó buena parte de la industria y elevó la deuda externa a U$S 45.000 millones (incluida la deuda privada estatizada por Resolución del Banco Central). Los registros del Banco Central y del Ministerio de Economía, eran diferentes e incompletos: faltaba documentación respaldatoria auténtica. En pleno Proceso, el audaz periodista Alejandro Olmos requirió a la Justicia la investigación sobre la deuda. Aportó documentos y testimonios, pero murió antes de que se diera el fallo. Recién el 13-7-2000 el juez Ballestero lo dictó, afirmando que era “ilegal, ilegítima y fraudulenta”. 39 A pesar de la sanción de dos leyes durante el gobierno de Alfonsín, que restaba validez a actos administrativos del gobierno de facto, del rechazo de su gestión financiera y de la formación de una Comisión Investigadora de la deuda por parte del Congreso, nada se hizo, la deuda quedó y siguió escalando. Se había tornado impagable: el Estado Argentino es insolvente, incapaz de pagarla. Ahora se pagan los vencimientos con nueva deuda; se paga deuda con deuda y ésta sigue aumentando, porque cuanto más se paga, más crece. La deuda externa con Alfonsín subió a U$S 62.000 millones (además de muchos bonos internos). El presidente Menem prometió ‘salariazo y revolución productiva’ y elevar al país al ‘Primer Mundo’; se sometió a los Estados Unidos con ‘relaciones carnales’ pero, al no saber cuál era nuestra deuda externa, requirió a los bancos acreedores establecerla; se contrató a una consultora internacional “Price-Waterhause” para que la determinara. Y estableció un plan de pago, muy pequeño al principio pero que aumentaba mucho con los años. Aceptó el ‘Plan Brady’ y prometió pagarla. Entregó a precio vil la mayor parte del patrimonio nacional y la deuda siguió creciendo tanto, que al terminar su gestión en 1999 ascendió a U$S 146.219 millones. Después se combinaron la ineptitud del presidente De la Rúa con los fatales manejos económicos y falsedades de Domingo Cavallo para llegar al “Megacanje” en mayo de 2001; con la sola firma se elevaba la deuda en U$S 40.000 millones. ¡Genial! Los gobiernos “democráticos” resultaban peores que la dictadura militar. Después, descontrol financiero, revuelta social y renuncia de De la Rúa. El 23-12-2001 el fugaz presidente A. Rodríguez Saá declaró el inevitable ‘default’ (de U$S 144.400 millones). El gobierno provisorio de Eduardo Duhalde y su ministro de economía Remes Lenicov, enfrentaron la debacle y salir de la Convertibilidad. El dólar pasó de $ 1.- á $ 4.- mientras que las deudas de las grandes empresas quedaron pesificadas 1 á 1 y se salvaban a los bancos estafadores; todo el peso de la devaluación –la brusca caída de los salarios- recayó sobre la mayoría de la sociedad. A fines del 2002 el ministro de economía E. Lavagna anunció que después de 27 meses la actividad industrial se había recuperado y las exportaciones habían mejorado por la suba de los precios internacionales de los granos (soja). Esto permitió al nuevo presidente Néstor Kirchner (2003 y continuó Lavagna en su cargo) a realizar un nuevo arreglo de la deuda. En diciembre del 2005 se atendió un reclamo del FMI y se saldó íntegramente la deuda, al contado y sin quita por U$S 9.810 millones (también se pagó al Banco Mundial y al Banco Interamericano de Desarrollo). Meses antes se había elaborado una ingeniería financiera para reestructurar la deuda privada, que era de U$S 94.302 millones, el 53 % de la deuda total. En nuevo canje ‘con quita’ tuvo un resultado relativamente favorable: ingresaron al canje U%S 78.000 millones y quedaron afuera U$S 24.000 millones (para dar nuevos dolores de cabeza al Estado, porque los holdouts quedaron en poder de los ‘fondos buitres’ que apelaron a la justicia norteamericana por su valor nominal y lograron un fallo favorable del juez Griessa). La deuda bajó: en el 2005 (en números redondos) a U$S 154.270 millones y en seguida, empezó a subir: en 2008: U$S 179.133 millones; en 2011: 197.154 millones; en 2015: 240.000 millones y en septiembre de 2019: 283.500 millones ( el 81 % del PBI). La política liberal de Mauricio Macri –que había prometido pobreza cero (superó el 30 %), y que decía que bajar la inflación ‘era fácil’ (este año será del 60 %)-, fue de inflación y suba incontenible del dólar. El nuevo ministro de Hacienda, Hernán Lacunza declaró recientemente (octubre de 2019) que “La deuda no es impagable”. Entonces: ¿Porqué no la paga? No, ¡que la paguen otros…! Desesperado, otra vez el gobierno apeló a buscar la “ayuda” del FMI. El resultado es y será espantoso. *Historiador. Autor de “Revolución y lucha por la organización”, “La Confederación Argentina”, y “Hacia la derrota Federal”. Presidente de la Junta Abya yala por los Pueblos Libres.

Boletín Chasqui del Litoral

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