La gran contradicción del Central

 

¿CUÁNTOS CAPITALES INGRESARON CON EL FIN DE APROVECHAR LAS ALTAS TASAS DE INTERÉS? – La autoridad monetaria es incongruente cuando aplica encajes extraordinarios al ingreso de capitales y baja las tasas de interés por un lado, y deja trascender extraoficialmente que no sabe si va a comprar todos los dólares que le vendan, por el otro.

Por Walter Graziano

 

Hace pocos días el Banco Central dispuso la aplicación de encajes bancarios extraordinarios a los capitales extranjeros que están ingresando al país a raíz de las supertasas bancarias actuales. La medida tiene mucho sentido, y cabría preguntarse porqué recién se hace esto cuando el dólar se acerca al mínimo de la banda cambiaria y no cuando se pagaban rendimientos aun mayores a un tipo de cambio todavía más favorable a esos capitales. Hubo que esperar mucho más de un mes para que esas medidas preventivas fueron tomadas aun cuando era visible que rendimientos que en términos mensuales superaban el 6% estaban produciendo un “mar de fondo” de oleada de capitales especulativos hacia los plazos fijos. Entonces, ¿cuántos capitales ingresaron con el fin de aprovechar las altas tasas de interés? Dado que lo rescatado de Lebac se invirtió en Lebac 2.0 (Lecap) y dado también que el Banco Central no intervino en el mercado de cambios todo lo que ingresó como plazo fijo tuvo que ser compensado con bajas de otros activos monetarios, como lo son las cajas de ahorro y los depósitos a la vista o, por lo contrario, merced a la mayor capacidad prestable de los propios plazos fijos. Pues bien, tomando el último informe diario del Banco Central se visualiza que durante el último mes contabilizado al 5 de noviembre los plazos fijos subieron la suma de $205.000 millones, a un ritmo de más de $10.000 millones por día hábil. O sea, más de 6000 millones de dóalres de incremento en los plazos fijos en pesos en solo un mes, un ritmo superior al evidenciado en la época de bonanza de los primeros dos años del presidente Macri. No es raro que así haya sido, dado que el estratosférico nivel de tasas de interés aplicado después de una fortísima devaluación atrajo la generación de activos que aprovecharon esos rendimientos. Dado que el dólar se ha acercado notablemente a la banda inferior de flotación de la zona de no intervención cabe preguntarse: ¿y ahora qué? Cabe pensar que es complicado pensar que la tendencia vendedora del dólar siga muy firme más allá de diciembre con el dólar en este piso. La propia devaluación del 3% a que están sujetas las bandas de flotación más la brecha del 30% entre ambas debiera operar como disuasivo suficiente para que, en el caso de comprar dólares el Banco Central, los mismos se deban a otra cosa que no sea principalmente a la demanda estacional de pesos de diciembre para transacciones. Sin embargo, ya surgen contradicciones entre lo que las autoridades hacen y dicen por un lado y lo que dicen por el otro. Como dijimos, se colocaron encajes a los fondos que ingresen del exterior para ser aplicados a plazos fijos y se han reducido las tasas de interés desde los máximos alcanzados en torno a 74% anual. El problema es que no se dice claramente que el Banco Central comprará todos los dólares que le vendan a la banda inferior y se deja abierta la peligrosa puerta a dejar que el dólar baje aún más, hasta límites inciertos. Nuevo, gran, y novedoso error de las autoridades. Si no desean que ingresen capitales golondrina lo peor que se puede hacer es dejar que se piense que el dólar puede bajar mucho más y por lo tanto, que se pueden realizar ganancias enormes en términos de dólares.

En este punto alguien podría pensar que peor sería poner un piso muy firme al dólar porque ello impactaría en la generación de pesos vía compras de dólares del Banco Central y en la generación de más deuda estatal vía incrementos de Leliq, más déficit cuasifiscal del Banco Central y más capitales golondrina radicándose en el país. Pues bien, ello podría ser cierto solo en la medida que el Banco Central no reduzca las tasas de interés lo suficientemente rápido, que es lo que debería hacer extinguida ya la corrida cambiaria aun cuando la baja en las tasas produzca un lógico y hasta necesario rebote en el nivel de dólar, dado el ya no tan incipiente retraso cambiario que la actual política financiera genera.

En síntesis entonces: el Banco Central se contradice cuando aplica encajes extraordinarios al ingreso de capitales y baja las tasas de interés por un lado, y deja trascender extraoficialmente que no sabe si va a comprar todos los dólares que le vendan, por el otro, porque diciendo esto incentiva el ingreso de los capitales golondrina que se pretende alejar lo más posible del país. Si desea ser consistente debe dejar trascender que va a comprar hasta el último de los dólares que le ofrezcan mientras baja a ritmo más rápido que el actual las tasas de interés. La brecha entre las bandas de flotación y el ritmo de devaluación de las mismas harán por sí solas el resto. El resultado que probablemente verá es que el dólar se aleja de la banda mínima de flotación, como máximo de tarde hacia las primeras semanas del año próximo. Las ventajas de ello las cosechará la propia faz financiera de este esquema económico al no gestarse violentas devaluaciones causadas por capitales golondrina y sobre todo la economía real que necesita más que nunca generar dólares genuinos a través de un superávit comercial suculento y no algo muy incipiente tal como se observó en septiembre, que corre el riesgo de sofocarse con un valor real del dólar inferior al actual.

El peor de los errores de política económica que se puede cometer, entonces, es engolosinarse con la baja producida en el dólar e intentar profundizarla dejando la sensación de que no se sabe qué pasará cuando el dólar toque la banda mínima de la zona de no intervención. La respuesta debe ser clara: se comprarán todos los dólares que se le ofrezcan al Banco Central a ese nivel, y que para que eso diste de ser una avalancha de capitales golondrina se redoblará el ritmo de baja en las tasas de interés. Toda otra cosa implicaría el deseo secreto y peligroso por cierto, de volver al atraso cambiario con el fin de utilizarlo como arma electoral, lo que sería el peor de todos los males y para colmo, sería inmanejable cerca de las elecciones.

 

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