La corrida cambiaria que se veía venir

El índice de vulnerabilidad externa se ubicó en 2017 en niveles idénticos a los de 2001

El estudio del Observatorio de Coyuntura Económica y Políticas Públicas remarca que la vulnerabilidad externa subió 20 por ciento el año pasado y 97 por ciento desde diciembre de 2015. El desequilibrio comercial y financiero es clave.
Por Federico Kucher

La crisis cambiaria se veían venir. El índice de vulnerabilidad externa argentina se ubicó en 2017 en niveles idénticos a los que derivaron en la crisis de 2001. El dato, que fue estimado por el Observatorio de Coyuntura Económica y Políticas Públicas, se calculó a partir del avance de los desequilibrios en el plano comercial (suba de las importaciones y reprimarización de las exportaciones) y financiero (fuerte endeudamiento y fuga de capitales por ahorro). El estudio remarca que la vulnerabilidad externa subió 20 por ciento el año pasado y anotó un aumento del 97 por ciento desde diciembre de 2015. El indicador fue efectivo para anticipar el freno del ingreso de capitales (sudden stop) y la posterior corrida cambiaria que derivó en una nueva devaluación del peso.
La falta de dólares fue uno de los principales desencadenantes de las crisis económicas del país en las últimas décadas. “Mayor vulnerabilidad externa significa sin duda mayor debilidad ante todo tipo de shock internacional”, plantean en el informe del Observatorio. La apertura indiscriminada al flujo de capitales y la liberación al ingreso de importaciones dejaron fuertemente expuesta a la economía local, que se volvió dependiente de las condiciones mundiales. “En los últimos años la salida de capitales récord y la suba notable del déficit comercial fueron factores claves para explicar el incremento de la vulnerabilidad argentina”. Se trata de elementos que provocan la escasez de divisas y alimenta la incertidumbre de mediano y largo plazo.
La formación de activos externos (fuga de capitales por ahorro privado) se aceleró a pasos de gigante. En 2017 salieron de la economía 22.148 millones de dólares netos por la dolarización de activos, mientras que en los primeros 4 meses de este año se fueron 8986 millones, cifra 58 por ciento más elevada en relación con el mismo período del año pasado. Los datos fueron publicados por el Banco Central y muestran la aceleración de la fuga. El otro frente de desequilibrio notable es el comercial. El rojo entre exportaciones e importaciones acumuló en los primeros cuatro meses de este año 3420 millones de dólares, cuando el déficit había sido a lo largo de todo 2017 de 8471 millones. “La economía pierde muchos dólares por el comercio y por la formación de activos externos, y no genera divisas ni por inversiones productivas ni por servicios. La fuerte corrida de mayo dejo claro que la deuda y la entrada de capitales especulativos no son la solución para cerrar estos desequilibrios”, indicaron en el Observatorio de Coyuntura Económica y de Políticas Públicas.
El informe remarcó que el país sigue muy expuesto a problemas de sudden stop, que en la jerga económica significa un freno repentino en el ingreso de los capitales del exterior. Esto provoca problemas sobre el tipo de cambio, la inversión, el consumo y los precios internos, entre otros.
La Argentina, que había anotado una entrada intensiva de divisas de corto plazo desde 2017, comenzó a registrar este fenómeno a partir de marzo y las consecuencias fueron notables. Desde principio de año se perdieron 12 mil millones de dólares de reservas internacionales, el tipo de cambio anotó un aumento del 35 por ciento y algunos productos de la canasta básica registraron subas de más del 50 por ciento en los precios que paga el consumidor en las góndolas.
En el que refiere al desorden de la balanza comercial, el Observatorio señaló problemas estructurales sobre las importaciones, que potencian el desequilibrio de la economía en el mediano plazo. “No sólo sube el rojo comercial, con importaciones que aumentan a un ritmo muy por encima de las exportaciones. La composición de los bienes que se importan también cambió y plantea otro foco de tensión. Los bienes importados que no se usan para producir, es decir que no son bienes de capital ni partes o piezas, aumentaron su participación sobre el total de las importaciones. El ingreso de los bienes ociosos (como las importaciones de consumo final) ya es en términos relativos el más elevado en 22 años”, indicaron. “Desde la óptica de la restricción externa, es un gasto de dólares que no permite generar nuevas divisas a futuro y, por lo tanto, aumenta el problema de escasez de moneda extranjera”, cerraron.

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