“Si no se bajan los costos de logística, no hay manera de competir con nadie”

El Presidente de la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco), Gustavo Weiss, se acercó hasta Ámbito Financiero para debatir sobre la actualidad de uno de los sectores más activos de la economía del país.

LEANDRO FERREYRA

Pocos empresarios se animan a dialogar sin filtros ante la presencia de un micrófono, una cámara o -como en esta oportunidad- un grabador y un par de hojas en blanco. No es el caso de Gustavo Weiss, el presidente de la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco). “El país tiene un déficit gigantesco de infraestructura económica y social”, afirma, antes de aclarar que “el gradualismo que plantea el Gobierno es el único camino posible, esperando que converjan el déficit fiscal con la inversión”.

Periodista: ¿Es este el camino correcto entonces?

Gustavo Weiss: Sin dudas. Si conseguimos el objetivo de crecer al 3% durante largos años, habremos ganado una batalla importante.

P.: ¿El sector de la construcción es hoy uno de los grandes protagonistas de la economía?

G.W.: El año pasado crecimos un 12% y este año podemos llegar a crecer un 8% dependiendo del comportamiento del resto de la economía.

P.: ¿La inversión privada está fuerte?

G.W.: Muy fuerte. La industria de la construcción es 50% construcción y refacción de viviendas unifamiliares. Es un dato que en general le sorprende a todo el mundo. El restante 50% es mitad obra pública y el otro 50% se divide de la siguiente manera: 25% es obra privada inmobiliaria, es decir grandes edificios, y el 25% es obra de infraestructura hecha por privados, las centrales térmicas eólicas y solares que se están instalando; la inversión en Vaca Muerta, etc. El primer segmento (construcción y refacción de viviendas unifamiliares) está vinculado al consumo, porque son obras que se hacen en gran medida cuando a la gente le sobra plata. Esto pasó en la gestión anterior, cuando el dinero quemaba en el bolsillo y la gente después de comprarse una licuadora, un televisor o cambiar el auto, decidía arreglar o reformar la casa. Este sector hoy está funcionando, pero mucho más tranquilo, mientras que el sector de obra pública está mucho más activo.

P.: Algunas provincias denuncian que los aires de bonanzas del sector sólo soplan en Buenos Aires y en las grandes ciudades capitales…

G.W.: Este es un tema de múltiples aristas. Por un lado, la obra pública la llevan adelante los que tienen fondos como el Gobierno nacional, la Ciudad de Buenos Aires, la provincia de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba. Esos son los distritos que tienen plata propia para llevar adelante obras. El resto de las provincias hacen muy poca obra con fondos propios, pues lo que recaudan lo destinan a pagar sueldos y gastos corrientes. Ahí viene entonces la rueda de auxilio del Gobierno Nacional. Y la realidad es que a diferencia de la gestión anterior, este Gobierno es equitativo en el reparto. Antes había distritos mucho más favorecidos con la obra pública como Chaco o Santa Cruz, por dar dos ejemplos. Ahora estos distritos no pueden mantener el mismo nivel de obras y se quejan, es lógico.

P.: ¿Cómo ve la economía?

G.W.: Creciendo lentamente, como expresé antes, con el gradualismo que plantea el Gobierno que creo es el camino correcto.

P.: ¿Qué pasa con las inversiones que no llegan?

G.W.: No es así. Hay inversión. Probablemente no las que el Gobierno desea, pero hay inversiones importantes y en muchos sectores. Nosotros, por ejemplo, estamos invirtiendo muchísimo en maquinaria.

P.: ¿Qué mano de obra emplea el sector de la construcción?

W.G.: La mano de obra UOCRA está en el orden de las 430 mil personas. Pero si se observa el ISAC de la construcción, debemos estar en 480 mil aproximadamente, porque hay que sumarle los administrativos, técnicos, ingenieros, etc…

P.: ¿Cuándo empezaron a recuperar el empleo?

G.W.: En septiembre de 2016. Ahí habíamos caído a 380 mil empleos.

P.: ¿El crédito hipotecario para el consumidor final está funcionando?

G.W.: En la Argentina faltaba el crédito para la clase media. Lo explico en otros términos: durante la anterior gestión, en un lado de la pirámide estaba la persona que tenía dinero y compraba el producto terminado o de pozo. En el otro extremo, la clase más necesitada accedía a viviendas sociales. Pero en el medio había todo un sector de la población de clase media que no lograba acceder a una vivienda propia. Y si vos le das plazos a ese segmento, puede hacerse cargo de una cuota.

P.: ¿Fue una buena medida proponer créditos actualizados con UVA?

G.W.: Es una vieja idea nuestra, que en realidad no fue nuestra sino que la copiamos de otros países como Chile, que es ofrecer créditos actualizados con inflación, que en la medida que la gente crea que va a mantener el empleo y que su salario va a aumentar en la misma forma que la inflación le permite acceder a un crédito hipotecario cuya cuota a 20 o 30 años no es mayor que la que paga por un alquiler. Esto ha tenido un éxito extraordinario, los bancos tuvieron una demanda fantástica.

P.:¿La gran deuda pendiente siguen siendo los créditos para desarrolladores?

G.W.: Ahí hay un cuello de botella. La gente pide crédito y tiene que comprar una vivienda terminada. Y el problema de la vivienda terminada es que en el mercado hay una cantidad determinada. En la medida que haya mucha demanda hay que construir más. Hoy, por ejemplo existe una miniburbuja de precios. A nosotros nos cuentan los bancos que los primeros tomadores de créditos hipotecarios volvían a la semana con el departamento elegido. Hoy el cliente vuelve al mes o directamente no regresa porque no encuentra propiedad. Es un problema de oferta y demanda y el producto se va acabando. Entonces hay que hacer edificios nuevos de departamentos. Aquí vale una aclaración: cuando el desarrollador construye desde el pozo se financia con las cuotas que le paga la gente que compra. Pero cuando al desarrollador le pagan cuando termina el edificio, necesita que alguien financie la construcción; aquí hace falta el crédito intermedio. Para este crédito intermedio el Banco Central sacó una serie de normativas, los bancos la entendieron y recrearon sus sistemas hipotecarios, pero todavía no tienen la dinámica que deberían tener para que haya muchos edificios en construcción. Hoy se produce una demora entre la punta que toma el crédito que son los usuarios y la construcción que está muy demorada.

P.: ¿Es un problema de tiempos entonces?

G.W.: Exacto. Hay toda una mecánica que en este momento no es ágil.

P.: ¿Qué margen del negocio le queda al desarrollador en la construcción de un edificio con una inflación por encima del 20%?

G.W.: Aunque no lo crea, es un negocio muy finito de rentabilidad. Y si encima hay problemas en el camino se hace muy complicado.

P.: ¿Cómo está el tema de la redeterminación de obra?

G.W.: Este Gobierno sancionó en abril de 2016 un nuevo sistema de redeterminación que lo que hace es agilizar el trámite respecto del sistema anterior que era mucho más complejo. Este sistema está funcionando mejor, pero debería funcionar mucho mejor aún. En algunas reparticiones como en Vialidad están trabajando fuerte para que todo sea más automático.

P.: ¿Qué debería suceder para que funcione mejor?

G.W.: En realidad, es una forma polinómica con índices Indec. Pero lo que a priori parece sencillo y rápido, no lo es por cuestiones burocráticas. Tiene que ir al departamento de legales, luego pasar por auditoría, aprobarlo el inspector de obra, etc… Se hace muy engorroso. Es importante destacar que el Ministerio de Modernización está yendo hacia la digitalización de todos los procesos, como por ejemplo los de licitación y de seguimientos de contrato. De hecho, ya existen licitaciones que se están realizando íntegramente por internet. Esto tiende a agilizar algo que hoy es lento.

P.: ¿Cuáles son los principales desafíos de su gestión?

G.W.: Por un lado, la obra privada está directamente relacionada con el crecimiento económico. En la medida en que el país crezca, que haya más empleo, que los sueldos mejoren, que haya inversión, eso creará incentivos para que la actividad privada tenga mayor desarrollo. En cuanto a la infraestructura pública tenemos muchas esperanzas depositadas en los PPP (Partenariado Público-Privado).

P.: ¿Hay dudas sobre el funcionamiento de los PPP?

G.W.: El 18 de abril es el Día D, cuando se abre la primera gran licitación que son las obras viales. Se trata de seis paquetes de rutas que suman un total de inversión de 6 mil millones de dólares.

P.: ¿Va a haber ofertas?

G.W.: Por supuesto. Hay varios grupos trabajando en la licitación.

P.: ¿Puede explicar el concepto de los PPP?

G.W.: El concepto es simple, el Gobierno dice ustedes tienen que hacer estas obras durante tantos años, tienen que mantener todas estas rutas durante tantos otros años y financiar la operación a lo largo de otros tantos años. El concesionario cobra un porcentaje de peaje que es marginal del 20% en promedio y el 80% restante sale de un impuesto al gasoil qué va a un fondo fiduciario.

P.: ¿Qué obras deberían realizarse en los próximos años?

G.W.: El país tiene un déficit gigantesco de infraestructura económica y social y eso hace difícil responder a su pregunta. Para refrescar la memoria, infraestructura económica es puertos, ferrocarriles, aeropuertos. Estructura social es agua, cloacas, energía, escuelas, hospitales. Le preguntaría al revés: ¿dónde no hay déficit? El déficit es gigantesco. Voy a repetir lo que varias veces dijo el presidente Macri y es que hay que hacer muchas obras de saneamiento, agua y cloacas en todo el país.

P.: ¿Estamos muy atrasados en ese sentido?

G.W.: Sí. Si miramos a otros países de la región como Chile, vemos que el 95% de la población urbana tiene agua y el 85% cloacas. Nosotros tenemos el 60% con agua y apenas el 20% con cloacas. Y no hay que irse a Jujuy para observar este déficit. Acá en el conurbano en muchas localidades el agua la sacan del pozo. También hay que invertir mucho en ferrocarriles. Una de las principales quejas de la Unión Industrial por la competitividad es la logística. Entonces para abaratar costos hay que, por ejemplo, rehabilitar el tren, trabajar en los puertos. No hay que descuidar la infraestructura económica porque si no se genera competitividad, no hay inversión, y sin inversión no hay empleo.

P.: Cuando habla de logística, es inevitable preguntarle por el costo camión. ¿Es un tema a resolver?

G.W.: El costo camión es un tema imposible para la economía en la Argentina. Y si no se baja el costo de la logística, no hay forma de competir con nadie. En Estados Unidos a nadie se le ocurre cargar un camión en Nueva York y descargarlo en California. Es ridículo. Hay que rehabilitar el tren urgente, son inversiones fantásticas que hay que hacer ya.

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