La larga y angustiante espera de los caminos rurales

VIAJE AL PAIS DE LOS PANTANOS

* Por el Lic. Hernán Rossi

“(…) vivimos revolcaos en un merengue y en un mismo lodo todos manoseaos”.
Enrique Santos Discépolo

En algo coinciden casi todos. Y emulando a la reina de los almuerzos podemos resumirlo: “Así, no”. Es que el estado deplorable de la trama vial de la provincia de Entre Ríos no admite controversias ni dilaciones. Los caminos de la producción, básicamente los no asfaltados, viven tiempos de crisis terminal. Para colmo, el Estado pareciera no tomar dimensión de la gravedad de la situación y si transcurre el verano sin un plan serio, el invierno nos encontrará otra vez empantanados.

Basta repasar la situación angustiante que viven los miles de entrerrianos que habitan tierra adentro, para darnos cuenta que el actual estado de cosas no soporta más esperas. Pero si bien hay consonancia en el diagnóstico, a las horas de los porotos, estos están lejos de germinar.

La Dirección Provincial de Vialidad (DPV), salvo honrosas excepciones, no puede responder a la inmensa e inabarcable demanda en materia de obras y mejoramiento vial. Un vasto e intrincado territorio pide acciones a los gritos, pero la burocracia estatal, la sordera política y la irresponsable acción de algunos productores hacen un combo alarmante.

¿Qué cascabel y con qué gato?

Los argentinos somos expertos diagnosticadores, la dificultad se presenta a la hora de buscar las soluciones a los problemas detectados. Con semejante escenario uno puede suponer que ya estamos proa al futuro: pues no. Ni siquiera sabemos con que barco vamos a navegar, por lo que poner proa hacia algún destino cierto por ahora es una utopía.

Uno de las pocas propuestas concretas que se han conocido partió del diputado Esteban Vitor (Cambiemos), quien presentó un proyecto de ley para la creación de los consorcios camineros. El proyecto define a los mismos como “asociaciones sin fines de lucro constituidas por grupos de productores o vecinos asociados voluntariamente, cooperativas y entidades rurales, para conservar o mejorar los caminos de la red vecinal o rural”.

Según el proyecto, desde el momento de su reconocimiento e inscripción, dichas asociaciones “adquieren el carácter de personas jurídicas públicas no estatales con capacidad para actuar pública o privadamente y para adquirir derechos y contraer obligaciones”. En tanto, los consorcios “podrán contratar con la Dirección Provincial de Vialidad cierto tipo de trabajos y el alquiler o compraventa de equipos viales, de materiales y su transporte”.

El proyecto, además, crea en el ámbito de la Dirección Provincial de Vialidad un “Fondo Especial” con un aporte anual derivado de Rentas Generales destinado por la Provincia al mejoramiento, mantenimiento y construcción de los caminos vecinales o rurales y aporte.

No pasarás
Por su parte, el Sindicato de Obreros y Empleados Viales de Entre Ríos (Soever) rechazó el proyecto de ley en cuestión al considerar que “pone en peligro la fuente laboral de los trabajadores viales” y se declaró en “estado de alerta y movilización”.

“Consideramos que se trata de una transferencia de recursos públicos al sector privado que pone en peligro la fuente laboral de los trabajadores viales. Ante esta situación amenazante para nuestro sector, nos declaramos en estado de alerta y movilización”, expresó la Soever en un comunicado de prensa.

Poco antes de las elecciones de octubre, el gobernador Gustavo Bordet, acordó con los diputados trabajar en una ley “moderna y ágil” para la creación de consorcios camineros en Entre Ríos. Pero dejó en claro que esta herramienta conserva intactas las fuentes de trabajo y los salarios de los trabajadores viales.

No obstante, el día de hoy el proyecto sigue siendo eso, un proyecto y no hay ni noticias de un sistema serio y efectivo para la conservación de los 27 mil kilómetros de caminos no asfaltados en Entre Ríos.

No sólo la producción

El largo sufrimiento de los habitantes de las zonas rurales no se circunscribe al retiro de la producción. Si bien es un aspecto importante para todos y trascendente para los tamberos y avícolas, la cuestión va mucho más allá. Porque como decía Celia, de la localidad de Alarcón en el departamento Gualeguaychú “hace tres meses que mis hijos no pueden ir a la escuela porque no hay camino”. O la resignación ante la imposibilidad de cumplir con un acto de fe, como hizo siempre: “Desde abril que no hay misa porque es casi imposible que llegue el cura”, se lamenta.

Lamentablemente, este tipo de comentarios son comunes a lo largo y ancho de la provincia. Porque no sólo granos, hacienda, huevos y leche sale de los campos. También hay gente. Y lo decimos desde la ironía porque a veces pareciera que todo se circunscribiera a la “producción”. Los habitantes de la profunda Entre Ríos necesitan estudiar. Ir al médico. Hacer compras. Divertirse. O sea, vivir.

Después de las vacaciones de invierno, hubo escuelas como la Nº 99 “Martín Doello Jurado”, que se encuentra a 12 kilómetros de la Ruta 14, que sólo pudieron dar dos días de clases en casi dos meses. Cristina Alem, una de las maestras, relataba que muchas familias decidieron abandonar la zona rural y emigrar a la ciudad para que sus hijos puedan estudiar con normalidad. “Acá hay un trabajador que actualmente vive sólo en el campo debido a que su esposa y sus cinco hijos tuvieron que mudarse a Gualeguaychú para que los niños tengan una educación”, describe.

En el arranque del siglo XXI mantenemos algunas características de dos siglos atrás y profundizamos la brecha en la sociedad, llevando a la práctica el hecho de tener ciudadanos de primera y de segunda categoría. Porque lo meses perdidos de clase por no tener vías de comunicación en condiciones, atrasa, condiciona y condena a los que menos tienen.

Lluvia y máquinas

Para colmo de males, hace décadas que no asistimos a un año con tanta lluvia, con lo que ello implica para la destrucción de los caminos y el retraso en las reparaciones.

A esto debe agregarse que a partir del sistema que utiliza Vialidad en la actualidad, donde casi no existen los campamentos de la repartición, cada mañana hay que sacar las máquinas de los galpones y trasladarlas al lugar de trabajo, con toda la pérdida de tiempo que ello implica, como reconoce el jefe de la Zonal XI, Federico Villanueva: “distribuir el personal que ingresa a las seis de la mañana demanda un trabajo de logística importante”, al tiempo que explica que es consciente de los pantanos y de los cortes de camino, pero se queja de la falta de maquinaria, cuestión que lo excede.

Una de las voces que se alzó duramente contra el estado de los caminos, fue el presidente de la Sociedad Rural Gualeguaychú, José Colombatto. En su discurso de apertura al acto oficial de la Expo Sur Entrerriano, se quejó del “olvido” de los políticos de turno y aseguró que “hay caminos que estuvieron más de dos años sin la posibilidad de acceso a maquinarias viales y la historia hoy se repite aquí y en la provincia”.

“La clase política y funcionarios tienen que entender que las escuelas, alumnos, maestros, la salud, seguridad y las familias rurales dependen del estado de los caminos. Muchas escuelas cerraron. Hoy son taperas llenas de yuyos. En las familias rurales se viene produciendo un éxodo por goteo, es decir el gobierno no estuvo presente y los expulsó en contra de su voluntad, quedando truncos sus sueños y proyectos de vida”, criticó.

En tanto, le dio su respaldo a la iniciativa de consorcios camineros: “bregamos por un cambio estructural. Por eso apoyamos el proyecto de Ley del diputado Vitor, sobre consorcios rurales, una herramienta que es útil y que en otras provincias como Corrientes, Córdoba y Chaco, se vienen aplicando”, destacó.

También la Federación Agraria Argentina calificó de desesperante la situación de los caminos rurales de la provincia. Si bien con eje en el sur entrerriano, hizo extensiva su crítica al resto de la provincia; hablaron de “intransitabilidad” con todo lo que ello significa “para las familias, comunidad educativa y productores agropecuarios que viven y trabajan en la zona”.

¿Y las obras? ¿Dónde están las obras?

Al mejor estilo del personaje de Capusotto, nos podemos preguntar lo que reza el subtítulo. En verdad, hay obras en marcha y las dependencias de Vialidad, en mayor o menor medida, intentar capear la tormenta. El cuello de botella se produce entre la inconmensurable demanda y el escaso poder de respuesta.

Si uno repasa los informes emanados del gobierno provincial o bien si nos asomamos a la cotidianeidad de las reparticiones de Vialidad, veremos que existe movimiento, que se ha incorporado maquinaria, que hay obras en curso y que todos los días se está reparando alguna arteria.

Pero no basta. Años de desidia y de un sistema que comenzó a hacer agua hace tiempo, tiene inevitables consecuencias: la realidad de hoy. Dura. Compleja. De difícil abordaje.

Los mil millones de la discordia

Como si no hubiese motivos para quejarse por el estado de los caminos de la producción, en plena campaña, alguien le sopló mal al gobernador Gustavo Bordet y terminó diciendo que en Gualeguaychú, la provincia había invertido mil millones en trama vial. Parecía que habían pateado un camatí. No, cien camatíes. Las voces de rabia se alzaron desde diversos sectores y el que tomó la lanza fue el senador departamental por Cambiemos, Nicolás Mattiauda: “Evidentemente a Bordet lo tienen engañado”, disparó, en clara alusión a Juan José Bahillo, por entonces candidato a diputado nacional por Somos Entre Ríos y jefe territorial de la capital del carnaval.

“Tenemos miradas completamente diferentes respecto de cuál es la realidad vial del departamento. Porque ni siquiera las rutas están mantenidas en lo más mínimo, ni en su señalización, ni en su limpieza. Están absolutamente abandonadas. Y abandonados a su suerte los vecinos del departamento Gualeguaychú. Si se han puesto mil millones, ¿dónde están? Esa la pregunta que todos debemos hacernos”, rezongó Mattiauda, quien no finalizó allí con su ira, pues días después pidió la remoción del titular zonal de Vialidad, Federico Villanueva, intención que quedó trunca luego en la Cámara de Senadores.

Realidades que duelen

Hace un par de meses, Nogoyá era noticia porque un productor tambero debió tirar los 4 mil litros de leche que transportaba, al quedar empantanado rumbo a la empresa láctea. Tristemente, esa es la realidad de muchos productores que no pueden sacar lo que producen, acercar al veterinario o adquirir insumos en tiempo y forma. También lo es de infinidad de familias que sufren graves trastornos para poder escolarizar a sus hijos o llevarlos a un Centro de Salud.

Para colmo, vemos como a diario, el campo sigue desalojando sus hijos. Con un sistema de siembra directa cada vez más expulsivo; sin grandes expectativas laborales; con problemas serios para que cumplan con la educación formal; con escaso o nulo acceso a una salud de calidad; el campo se va quedando sin vida, sin almas, sin futuro.

Ello no quita que el éxodo rural sea tema de discurso político. Muchas veces se habla de ello. Pero hasta ahora no hemos identificado ninguna política seria, programática y estratégica que impida que la sangría se detenga. Es que para ello, debe dedicarse mucho dinero público donde vive poca gente. La relación costo – beneficio en materia política tal vez no sea muy eficiente.

Por ahora no ha cambiado nada. El único proyecto visible (del diputado Vitor), no avanza por ahora. Tampoco se escuchan otras ideas. Muchos se oponen pero no proponen. Mientras tanto, los pantanos siguen allí, esperando algún corajudo que los intente cruzar. Pero pasa el tiempo y de no haber cambios radicales y urgentes, el verano solo maquillará lo que explotará en el próximo invierno.

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